¿Azucarhólica?

Por: Laura Centeno

Todos hablan de las drogas, alcohol, las apuestas, pero existe una adicción solapada en miles de alimentos procesados, el azúcar y sus edulcorantes.

Soy una azucarhólica que padece de ansiedad y para saciar el estrés comía dulces sin control. La foto no es casualidad, es mi postre favorito, “entre más dulce, más rico”, decía yo.

Siempre me he esforzado por cuidarme, pero todo es en vano si yo misma me boicoteo mis objetivos de entrenamiento con la comida pecaminosa (helados, chocolates y postres, en mi caso).

Para no sentirme culpable empecé a consumir más productos light, sin azúcar, sin calorías, bajos en grasa, pero al final de cuentas, esos antojos descontrolados me hacían caer una y otra y mil veces más.

Empecé a informarme sobre las características de los edulcorantes y resulta que la mayoría se componen de sucralosa, entre otros sustitutos que también son adictivos y en realidad, el problema es que estaba tan enganchada al dulce que realmente lo que hacía era cambiar una adicción por otra, agregando cada vez más de sobres de edulcorante al café.

Consultando con diferentes profesionales me decían lo obvio, que todo en exceso es malo. Así que reducía parcialmente el azúcar los lunes pero eso duraba pocos días y entre miércoles y jueves volvía a pecar, y así sucesivamente todas las semanas.

Leyendo un poco más, una experta decía que la mejor forma de superar esta adicción es cortando del todo su consumo. Me pregunté si sería capaz de hacer algo así, pero dije, pues intentemos.

Hace 15 días que no como dulce, ni con calorías ni sin ellas (excepto una fruta al día). Mi primera semana fue una pesadilla. Mis picos ansiosos de 3 a 7 p.m. fueron una tortura, muy triste la verdad. Al ir pasando los días empecé a sentirme mejor. Todavía estoy en fase de desintoxicación y cuando le compro un helado a mi hija, deseo arrebatárselo pero sigo tratando de dominar la mente y buscar algo que hacer para no pensar en las galletas, helados y chocolates.

A lo mejor estés sufriendo de lo mismo y has estado pensando cómo hacer para dejar de hacerte daño con la comida.

Intentemos juntos, hacer el corte drásticamente, sí duele pero vale la pena. Ahora leo la letra menuda de los ingredientes de los productos y huyo del dulce por temor a caer nuevamente. Tal vez algún día llegue el momento en que esos productos los logre consumir sin que caiga en estropear mis planes de nutrición.

Mientras tanto, mi paladar se está acostumbrando a vivir sin dulce y hasta la fruta se está convirtiendo en mi postre. Que la fuerza nos acompañe y espero seguirles contando mi experiencia y ver pronto mejores resultados en mi cuerpo, pero especialmente en mi mente.

¡Muchos éxitos!

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